La Costa Azul

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9. Crónicas de Viajes

Crónicas de viajes

 FRANCIA, LA COSTA AZUL


Patricio Orellana Vargas, copia de cuadro de Henri Matisse, óleo, 50 x 40 cms.

Niza.
Un día estaba conversando con un camionero en la ciudad italiana de Rapallo, él viajaba por toda Europa transportando productos químicos, por esta razón es un gran  conocedor de muchos países y de cientos de ciudades europeas. Le pedí su opinión sobre Niza,  donde yo pensaba ir a la semana siguiente. Este camionero me dijo que por ningún motivo me atreviera a ir a esa ciudad, era extremadamente peligrosa porque las mafias argelinas controlaban totalmente la ciudad y habían desbordado a la policía. Además me indicó que allí no había nada de interés y que Niza había cambiado totalmente con la invasión de los árabes, ni siquiera se podía andar por la calle porque los asaltos estaban a la orden del día. Yo había ido a Niza en otras oportunidades, aunque había estado uno o dos días en paradas de tour turístico y mi visión era muy superficial aunque sabía lo de las mafias y los escritos de Grahan Greene denunciando la corrupción existente en la ciudad.
 A pesar de lo aterrador de los comentarios, mi esposa, nuestra nieta y yo decidimos no considerarlos porque habíamos observado que el camionero era muy exagerado. La estadía de una semana en Niza fue totalmente pacífica y agradable, nada de lo anunciado apareció. Además en las diversas visitas que he hecho a Niza, Cannes y Montecarlo en la Costa Azul francesa, nunca he tenido ningún problema de seguridad, aunque, riesgos hay en todas partes, incluso en Suiza y Chile, que creo son los países más seguros del mundo.

Para empezar, acudimos a una agencia de viajes e hicimos una reserva en un hotel de Niza, el hotel Campanile, que no cobraba por niños menores de doce años y nuestra nieta tenía once.  Este hotel, fuera de ser muy económico, resultó excelente, ubicado a varias cuadras de la Estación, pero próximo al barrio antiguo y a la estación de buses. El desayuno buffet era muy abundante y hasta había ollitas con minutero para cocer los huevos y dejarlos claros o duros según el gusto. Además en el dormitorio había un tetera eléctrica, lo que es muy  excepcional en Francia (aunque en Inglaterra es lo habitual en los buenos hoteles).
 
El país de las flores.
Como la Provenza es la región de las flores de Francia, ellas son el símbolo más claro de Niza y hay un festival cuando hay flores por todas partes. Ellas son las que constituyeron la base e inicio de la industria de los perfumes, especialmente en las ciudades cercanas de Niza como Grasse. Al viajar por esta región se pueden ver muchos invernaderos y campos floridos. Los campos de espliego o lavanda, de un suave color lila ponen un color distinguido a estas campiñas. Naturalmente que la modernidad y el desarrollo tecnológico han reducido el rol de las flores en esta industria, ya que ahora los productos químicos industriales son su principal componente y si bien se usan elementos florales, muchos de ellos son concentrados de materias primas importadas. 
 
En un tour anterior que realizamos con  mi esposa, hubo una detención en una fábrica de perfumes en la proximidad de Niza. La guía nos convenció que Francia era, sin duda alguna, el mayor y mejor productor de perfumes del mundo y para estimular el afán de consumo nos indicó que las esencias francesas se podían comprar en cualquier lugar, pero que la gran ventaja  de comprar aquí, era que se trataba de perfumes frescos y que había una inmensa diferencia entre los perfumes añejos y los frescos. Las mujeres que iban en el tour, plenamente convencidas compraron pequeños frascos que valían una fortuna. Aunque siempre trato de partir de la buena fe, en materias comerciales soy un incrédulo, porque estas paradas de los tour en tiendas seleccionadas tienen una finalidad meramente lucrativa. Parece que las eligen por los altos precios. Después en Niza mi esposa me mostró en una vitrina que los mismos perfumes valían la mitad, aunque estábamos aún en la tierra de los perfumes y era posible que no estuvieran añejos.
 
Niza y la modernidad.
La Niza que uno ve en las viejas películas technicolor ya no existe. Hoy es una ciudad inmensa que se extiende por una amplia superficie de colinas próximas al mar. Parece que muchas empresas de servicios se han instalado allí, en vez de estar en París o en las zonas frías del norte de Francia. Aquí el clima es muy agradable y la luz es diáfana, muy distinta del tono grisáceo que predomina en casi toda Francia. Por eso los pintores e intelectuales del Norte de Europa siempre vinieron a esta región (y a Italia y Grecia) a buscar la luz. Tan importante es la luz para los que viven sumidos en inviernos oscuros que Goethe, que disfrutó de esta luz en sus viajes, al morir dijo: "Luz, más luz" y quizás se refería a la luz que había apreciado en estas regiones sureñas. Van Gogh y Gauguin encontraron en esta región, la Provenza, la luz que iluminó sus cuadros. Bonnard, Matisse y Chagall y otros grandes pintores eligieron esta región para vivir y disfrutar su luz que se refleja en sus pinturas.

Una amiga que vive en París y que trabaja en informática, me contó que su felicidad consistió en conseguir que la autorizaran para trabajar en Niza y enviar diariamente su trabajo a la empresa establecida en París. Hoy esa costumbre se ha masificado y parece que hasta las empresas se han trasladado aquí.

El antiguo balneario elegante de Niza se ha transformado en una ciudad inmensa, llena de actividades de todo tipo. Sin embargo conserva lo esencial de antaño: barrios antiguos, un viejo puerto, el paseo a orillas del mar y varios de los más espectaculares museos de Francia  y  además están sus playas pedregosas, pero con aguas de un azul transparente y de una temperatura muy agradable en el verano. También quedan sus grandes hoteles y reminiscencias del lujo que la caracterizó durante muchas décadas.

Niza fue una ciudad italiana hasta 1860 y como tal aún conserva barrios con casas pintadas de alegres colores, aunque predominan los edificios modernos y las construcciones palaciegas francesas ocupadas por los antiguos hoteles de lujo. La entrega de Niza a Francia, debe haber sido muy dolorosa para la casa de Saboya, reinante en la región. Era entregar la perla más preciada de la corona, pero era el precio para lograr el apoyo de Francia para que el movimiento unificador italiano tuviera éxito ante enemigos tan poderoso como eran Austria y el Papado en esa época.

La avalancha de turistas ha determinado que ahora haya hoteles de todo tipo: caros y malos en la proximidad de la Estación de ferrocarril y caros y buenos en las avenidas costeras. Entre ambos extremos hay muchas buenas opciones muy económicas.

El collar de la Reina.
Niza fue el balneario de la nobleza europea, aquí venían por cientos esos turistas de viejo cuño, que además despilfarraban sus fortunas en los casinos de Niza y Montecarlo. Los ingleses la consideraban casi un balneario nacional ya que hasta financiaron obras públicas y se les recuerda en el paseo costanero denominado "El paseo de los ingleses". Este paseo, unido a otros, recorre toda la bahía de Niza y en la noche la larga corrida de luces a orillas del mar es un bello espectáculo y por su forma y brillo se le llama "el collar de la reina".

Esta continuidad de paseos costaneros que va desde cerca del Puerto Viejo al extremo opuesto de Niza, es la faja de playas pedregosas que en verano están atochadas de bañistas. Aquí el nudismo es permitido sin ambages y en la primavera, antes que comience el verano, pasear por esta ribera es también ver el mar, la playa y los nudistas. A veces la costanera se eleva unos diez metros y se transforma en un mirador, desde el cual los varones curiosos miran a las esculturales bañistas, algunas de las cuales son negras delgadas y esbeltas o gordas abundantes que se exhiben sin ninguna preocupación por los mirones que parecen preferirlas a las blancas y doradas francesas o europeas.

Estos paseos son también lugares predilectos para caminar o correr, andar en bicicleta o hacer piruetas en skates, incluso de noche.

El barrio antiguo.
El viejo puerto es una pequeña bahía muy protegida, donde llegan y salen grandes barcos y también hay una infinidad de veleros y yates anclados, mientras que sus dueños- supongo- pasean por la ciudad o sus alrededores.

Desde este puerto, caminando junto al mar se llega al barrio antiguo que baja hacia la costa, lo que hace que sus calles peatonales desciendan bruscamente en algunos tramos. Aquí abundan las calles estrechas, las iglesias y especialmente las tiendas de recuerdos para los turistas, los restaurantes y las fiambrerías. Mucha gente, especialmente turistas, repletan las calles y hay un color italiano innegable, lo que se acrecienta porque muchos letreros  de las tiendas, especialmente de las ofertas están en italiano. Los colores de las casas, generalmente son de tonos damasco, en todas sus variedades que recuerdan a la Liguria italiana. En los espacios mayores, donde hay algunas plazoletas, las mesas de los restaurantes están llenas de parroquianos que hablan en voz alta, predominando el italiano.     

La diversidad gastronómica.
En este barrio se concentran los restaurantes más baratos. Generalmente de cocina italiana que ofrecen económicos menús que se exponen en grandes letreros indicando sus precios. Hay otro barrio gastronómico mucho más elegante y de alta cocina francesa. Está frente a la costanera y son un par de cuadras de restaurantes  en ambos lados de la calle en un par de largos edificios iguales. En el centro de la calle, que es peatonal, en el día hay puestos de verduras, frutas, alimentos y flores. Aquí los precios no figuran a la vista, pero sí las especialidades que se ofrecen ese día. Al pasear por  ambos barrios se entiende la diferencia de clases, pero hay más restaurantes, generalmente de comida rápida al estilo norteamericano esparcidas por toda la ciudad y así se pueden dividir los comensales en cuatro grupos: los del elegante barrio gastronómico, los del barrio viejo, los de la comida rápida y…  los que probablemente sólo compran algunos alimentos en los supermercados y los comen en la calle o las plazas.

Francia desde 1936 tiene una ley de vacaciones para sus trabajadores y ello significó que el turismo aristocrático y elitario de antaño fuera aumentado con un turismo de masas nacional que después de la segunda guerra mundial se acrecentó con la avalancha de turistas del resto de Europa y de Estados Unidos y posteriormente de japoneses y turistas de todo el mundo. Estas condiciones decantaron la generación de una hotelería y restaurantes estratificados para servir a estas diversas clientelas. Finalmente parece que ahora se abre un nuevo proceso, resultado del envejecimiento de la población, por una parte surge el turismo de tercera edad y por otra, muchos franceses y europeos mayores deciden vivir sus últimos años en esta región de dulce clima. Todo esto ha transformado a Niza y la Costa Azul  de un refugio de la nobleza y aristocracia a una inmensa ciudad balneario muy estratificada y hasta polarizada con la llegada de una masiva inmigración argelina y del norte de África que viene a buscar trabajo en esta zona vacacional.

Un mundo de arte.
La política municipal parece haber diseñado una estrategia para continuar atrayendo turistas, para ello están los casinos, los teatros y las respectivas compañías y especialmente la realización de festivales, el más importante es el carnaval de Niza, que dura casi dos semanas y se realiza a finales de febrero, en él hay actividades diversas como batallas de flores, corsos, conciertos, cencerradas, concursos de los mozos de café, patinajes en el hielo, competencias deportivas en las playas, etc.

Toda la ciudad parece participar en estos eventos, con el numeroso público compuesto de turistas. En algunas vías importantes se levantan tribunas para acomodar a este público para que vea cómodamente los desfiles.

Pero además de estas actividades populares, Niza ha concentrado muchas expresiones del arte, en especial de la pintura moderna. En el lugar donde antaño corría un río se han construido parques elevados y junto a ellos hay un gran museo de arte moderno, con cuadros y esculturas, generalmente muy grandes, de artistas abstractos modernos. Otros dos museos son de renombre mundial, el museo Matisse y el museo bíblico de Chagall.

El Museo Henri Matisse.
En Niza, Henri Matisse encontró "la luz paradisíaca" que había buscado hasta en Tahití siguiendo los derroteros de Gauguin. En Cimiez, próximo a Niza vivió gran parte de su vida y era el lugar que amaba y donde hoy se encuentra su museo.

 El museo de Henri Matisse está en un parque de olivos, cuyas calles y senderos tienen los nombres de grandes jazzistas norteamericanos,  ya que Matisse había pintado una colección de 20 pinturas que formaron parte de un libro titulado "Jazz". Al comienzo del parque están las ruinas de un circo galo romano, el que aún se usa para dar grandes conciertos, junto a este circo se han realizado grandes excavaciones, cuyos hallazgos se muestran en otro museo próximo, por el cual se puede acceder a las ruinas de la ciudad galo romana  de Cemenelun que allí estaba.

El museo de Matisse está en una casa patronal o villa de hermoso diseño italiano, pintado de un  rojo oscuro con puertas, ventanas y decoraciones en color ocre claro. Esta villa ha sido ampliada con un pabellón moderno, que por suerte no desplaza la bella construcción original. En ese museo se guardan algunos muebles, fotos y ejemplares de plantas de interior, muchos de los cuales figuran en algunas de las obras de Matisse, también están algunas de sus esculturas. Visitar este

museo es conocer algo de la intimidad de este gran pintor renovador de la pintura de comienzos del siglo XX, quien logró una síntesis elevada de la decoración con la pintura, estableciendo el valor pictórico de los colores planos e incluso de los grandes murales en dos o tres colores solamente, así como muchos trabajos de papeles pintados recortados y pegados que constituyen obras fundamentales de la pintura moderna. (Véase la ilustración de esta crónica).

El Museo es relativamente pequeño y en una o dos horas se puede ver pausadamente, encontrando algunas de sus obras de diferentes épocas, incluyendo algunas inspiradas en sus viajes a Tahití y otras de grandes dimensiones (unos 35 metros cuadrados). En alguna medida uno sale del museo impactado por el dominio de los colores que logra Matisse, pero con la sensación de que sólo ha tocado la punta del iceberg de la genialidad de Matisse, genialidad que no le impide ser sencillo y hasta ingenuo en sus pinturas, por lo cual se le califica como pintor "fauve" (fiera), libre del academicismo y también de la complejidad lumínica de los impresionistas que lo precedieron. Pero la salida al parque antes mencionado provoca una calma y revalorización de lo visto. Paseando por el parque y viendo sus añosos y retorcidos olivos creo que se logra un equilibrio entre el arte, siempre artificial, y el paisaje natural.

Recorrer el parque, especialmente cuando hay sol que permiten ver los tonos diversos de las hojas plateadas de los olivos invita a re mirar las cosas y ver su calidad pictórica, además, hay un  simpático café, con mesas bajo los olivos, lo que invita a descansar y repasar los sentimientos que se han acumulado con la visita.   El parque, evidentemente es una antigua plantación de olivos, por lo cual conserva también una gran sencillez y carece de los jardines franceses tan geométricos y exuberantes, Sin embargo,  hay bosquecillos de otros árboles como pinos y los infaltables y tristes cipreses de la campiña provenzal que rodean algunos monumentos de homenaje a algunos héroes franceses.

En este paseo a Cimiez, al cual se llega en 15 minutos en  un bus que asciende por las colinas urbanizadas, es una aventura por la naturaleza de la Provenza, por su pasado galo romano, por su más brillante pintor y hasta por monumentos a algunos héroes de las últimas guerras.

El Museo Nacional Mensaje Bíblico Marc Chagall.
El otro museo espectacular de Niza es el de Chagall. Este pintor ruso judío, que al comienzo de la Segunda Guerra Mundial ya era famoso en Francia, debió huir en 1941  a Estados Unidos y sólo pudo retornar a Francia en 1948. Chagall decía que él no sabía dibujar y que nunca intentó aprender, pero sus obras son consideradas como las de un gran pintor. Quizás su rechazo al dibujo lo condujo a usar elementos infantiles y ajenos a la racionalidad: personas en el aire o de cabeza, violinistas en los techos, animales como burras o vacas preñada, cuyo feto está a la vista, personas del tamaño de un gallo o viceversa, etc.. Esta liberación de los formalismos racionales le permitió construir un mundo pictórico absolutamente original en el cual el amor tiene un rol muy importante. Hay muchas pinturas de casamientos y de amantes.

El Museo de Niza no podría contener mucho de la voluminosa obra de Chagall, quien pintó hasta los 97 años y su cuadros, esculturas, mosaicos, tapices y vitrales son miles, dispersos por todo el mundo. El Museo se especializa en las ilustraciones gigantescas que Chagall realizó de la Biblia, pero hay espacios en los cuales se han mostrados en exposiciones especiales otro tipo de su obras.

Este museo, como el de Matisse, es relativamente pequeño y permite visitarlo detenidamente. Quizás lo que más impacte es el dominio del color, no en la forma de Matisse, ya que Chagall incorpora muchas imágenes diversas en sus cuadros bíblicos, que son un relato de algunos capítulos de la Biblia. Pero donde Chagall alcanza su máxima creación es en los vitrales, uno de los cuales, al menos, puede verse en este museo en la sala de conferencias, mientras que en el jardín exterior se puede apreciar uno de sus mosaicos que logra movimiento al reflejarse en el agua de una pequeña fuente.

 La exclusiva obra  de Chagall para ilustrar la Biblia, es una parte de su universo, sin embargo, hay una parte del museo destinado a exposiciones temporales y en una ocasión tuvimos la fortuna de ver las ilustraciones de Chagall para los cuentos de Perrault.

Chagall se libró del exterminio nazi gracias a la buena voluntad de un funcionario norteamericano que le concedió la visa de entrada a Estados Unidos. Ese hombre permitió que el genio de Chagall realizara su obra que deslumbra a la humanidad. Si los nazis lo hubieran atrapado, Chagall sería otra de las victimas de la barbarie fascista. ¿Cuántos genios eliminó el holocausto de los judíos, los gitanos, los eslavos, los comunistas y socialistas, realizados por Hitler y sus secuaces? Chagall es un atisbo de la genialidad que la humanidad perdió por la aplicación de esa doctrina inhumana.

Marc Chagall, "pareja" copia de Patricio Orellana Vargas.

Otros Museos de  Niza.
Hay otros museos interesantes en Niza, uno de ellos es el de historia natural, que es gratuito y contiene un complejo conjunto de fósiles, animales disecados, minerales, láminas, vitrinas didácticas, etc.

El otro museo está en el  Puerto Viejo y en principio desilusiona, pues es simplemente un espacio cubierto de arena, pero las explicaciones ilustran de que allí hubo un asentamiento de hombres primitivos y que a partir de restos insignificantes se ha podido verificar que era un campamento estacional, identificar la comida de sus habitantes y por el estudio de polen saber la vegetación existente. Hay libros que relatan detenidamente este descubrimiento, pero como todo está basado en investigaciones microscópicas, es poco lo que existe de evidencia visible, excepto dibujos y leyendas. Sin embargo, cuando lo visité con mi hijo, había una interesante exposición sobre imágenes femeninas, con modelos y fotografías de la estatuaria femenina de los primitivos pueblos europeos, y asiáticos con diminutas figurillas encontradas en lo que actualmente son Francia, Austria, Rusia, Irak, Albania, Chipre, Grecia y las islas Canarias, todas ellas, Venus calipígicas, obesas y de grandes pechos,  aunque sin alcanzar la calidad de las primeras cerámicas de Las islas Cicladas, donde la estilización alcanzó gran perfección. Todas estas imágenes se han interpretado como ídolos de la fertilidad y que confirman en alguna medida las teorías de una humanidad matriarcal. Los ejemplares más antiguos datan de hace 32.000 años.

Cannes, la aldea que subió al estrellato.
La Costa Azul no sólo es Niza, junto a ella se ha desarrollado una constelación de otras estrellas brillantes. Cannes era un pequeño pueblo con historia y tradición, pero saltó al estrellato con su festival de cine, uno de los más importantes del mundo. A pesar de su ascenso, Cannes conserva el aire de una pequeña ciudad francesa con su barrio antiguo que asciende  hasta llegar a una bella iglesia y un pequeño castillo, desde donde se puede ver el entorno del mar y el puerto, punto de partida para visitar un hermoso archipiélago próximo. Una tarde que subimos esa colina, todo estaba solitario y no había nadie, parecía haber viajado a un  pasado congelado y sin vida humana, sólo construcciones de obras realizadas por hombres del pasado. Hasta en una casa se leía en una placa que allí había vivido el hombre de la máscara de hierro, después de huir de su prisión. Creo que en las mañanas y en las tardes está lleno de turistas y el ambiente es totalmente distinto.

Un día que visité Cannes con mi hijo, en otro viaje, disfrutamos visitando el edificio donde se realizan los festivales de cine y mirando las estrellas con los nombres de los premiados que están en el pavimento. Pero además de esa grandiosidad, pasamos un par de horas mirando a un grupo de viejos amigos que en una cancha especial de un parque jugaban a la petanca, juego que consiste en lanzar unas bolas que deben aproximarse a una más pequeña, que  a veces es desplazada, cambiando la situación de las bolas lanzadas. Es difícil de entender para un visitante, pero los contendores disfrutaban este juego social, amenizado con exclamaciones y bromas.

También en Cannes existen esos barrios gastronómicos, donde los restaurantes están uno al lado del otro, anunciando sus especialidades del día, llenos de turistas que disfrutan de la Costa Azul.

Los dos días que he estado en Cannes, no coincidieron con el Festival de Cine, de manera que sólo pude percibir lo que la ciudad registra de estos eventos, pero no verlo directamente.
 
Montecarlo.
Europa conserva vestigios feudales y hay países diminutos que son los restos de antiguos feudos independientes, así ocurre con Mónaco o Andorra. Mónaco es un país-ciudad, donde los monegascos disfrutan de una nacionalidad que los exime de impuestos y les reconoce valiosos derechos. El juego y el turismo llenan sus arcas y antaño las exenciones tributarias lo habían trasformado en un paraíso financiero. La ciudad de Montecarlo está apretada en el poco espacio disponible y se han realizado construcciones de barrios en tierra artificial. En un tour que realicé con mi esposa, se incluía una vista a la ciudad y pudimos disfrutar del cambio de guardia en el palacio de los príncipes de Mónaco, pero los soldados eran franceses, ya que les está prohibido tener ejército propio, Era un desfile y parada militar con unos 20 efectivos, pero muy pintoresca y observada por miles de turistas. También visitamos el casino, que es de un lujo abrumador, hasta los retretes son elegantísimos y automáticos. Para los turistas más modestos hay un pabellón de máquinas tragamonedas donde todos se conmueven cuando algún ganador acierta y se oye la caída (amplificada) de las monedas que recibe el feliz y excepcional ganador.

Frente al palacio del casino está un lujoso hotel, en un edificio palaciego del siglo XVIII o  XIX un poco rococó. El estar en este hotel es un símbolo de pertenecer a la elite del mundo globalizado y según la guía, el alojamiento diario-sin desayuno- costaba mil dólares, lo que determinaba que había muchos magnates y artistas de cine que tenían suites reservadas por toda la temporada o por todo el año, aunque generalmente las ocupaban sólo un par de semanas al año. Pero tener esa reserva era el mayor símbolo de status del jet set globalizado.

La ubicación de la ciudad, al costado de una montaña y directamente conectada al mar hace que el espacio sea muy escaso y en una oportunidad que estuve, había una carrera de autos, creo que se llama el Gran Premio de Montecarlo y era tal la afluencia de turistas que difícilmente se podría salir de la estación del ferrocarril y además los trenes venían o iban a Niza tan llenos,  que tuve que optar por dirigirme a Italia, que está muy próxima aunque mis planes eran otros.


Patricio Orellana Vargas,
Octubre del 2006    
 
 
 Pablo Picasso, "Paisaje mediterráneo", copia de Patricio Orellana Vargas
Webmaster:Victoria Orellana

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