Rodas

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9. Crónicas de Viajes

 
          
  RODAS.
 

Rodas: Una isla disputada.
Rodas, así como las otras islas del Dodecaneso (archipiélago griego próximo a la costa de Turquía) tiene una larga historia conocida. Desde el siglo XIII A.C. ya había aportes significativos de Rodas a la cultura griega en ciernes. Generalmente fue independiente y se configuró una confederación entre las seis ciudades principales, también cayó bajo el dominio persa, después se integró a la Liga de Delos, encabezada por Atenas, posteriormente formó parte del imperio de Alejandro Magno, mucho después es integrante del imperio romano, del imperio romano de Oriente y Bizantino y cae en poder de los venecianos, de los caballeros de San Juan y de los turcos durante varios siglos y en el siglo XX los italianos la ocuparon y después de la Segunda Guerra Mundial debieron entregarla a Grecia. Ahora es una isla totalmente griega, muy cerca de la costa turca.

Es una isla muy verde, difiere de la Cícladas que son más secas, En Rodas abundan los bosques, los prados y los arroyos, este clima ha influido en que se la llame la isla de las rosas.

Yo he visitado Rodas en varias oportunidades, pero he estado solamente en la capital Rodas y en el pueblo de Lindos. En algunas ocasiones sólo he estado un día en cruceros por el Egeo. Pero siempre es un  día intenso que alcanza para visitar estos dos lugares, ver el paisaje entre Rodas y Lindos y visitar los principales monumentos de las dos ciudades. 

En otra oportunidad estuve varios días y pude tener el tiempo suficiente para pasear con toda tranquilidad por la ciudad de Rodas.

La gran fortificación.
El puerto de Rodas visto desde el mar es impresionante pues se destaca la gran construcción de un castillo medieval de color gris, que impresiona por sus altas murallas. El barco se aproxima lentamente y hay amplios muelles que se dirigen a las grandes puertas de esas murallas. Hay algunos monumentos, un par de viejos molinos y una estatua de un ciervo, animal venerado. Según sus leyendas fue el animal que facilitó la vida humana pues con sus pezuñas mataban a las serpientes que infestaban la isla.

Llegar a este puerto rodeado de torres y murallas almenadas, es entrar a la Edad Media, pues detrás de las altas defensas hay una homogénea y completa ciudad medieval, la única que parece tener esta condición en todo Grecia. No son ruinas o algunos edificios aislados, es el conjunto completo. Durante la ocupación italiana se hizo un gran trabajo de reconstrucción de esta ciudad y los resultados son espectaculares, además se crearon jardines en los antiguos fosos y sus alrededores y abundan las rosas, los hibiscos y las buganvillas.

En realidad son dos ciudades de dos edades muy distintas, la mencionada y los nuevos barrios, que se complementan, la ciudad moderna aparece ser un poco modesta aunque es mucho más grande y no se impone en altura, el castillo medieval, en cambio se ve inmenso desde el mar y también desde distintas perspectivas desde la ciudad moderna.

La ciudadela medieval también tiene una importante función turística, allí están los museos, las casas restauradas de los caballeros medievales que la defendieron, las calles empedradas y anchas, con iglesias,  plazas pequeñas, numerosas tiendas de artesanías y souvenirs y especialmente hay sectores gastronómicos con toda clase de ofertas de comidas, cafés, helados y tragos.

Pasear en las tardes por esas calles, habitualmente sombreadas y regadas resulta muy agradable por la variedad de rincones que se encuentra. También es un gran paseo recorrer las murallas y ver los detalles de la ciudad desde lo alto.

La ciudad de Rodas.
Naturalmente que la mayor parte de la población no reside dentro de este recinto, sino que está afuera de las murallas en las laderas de las colinas próximas, allí hay barrios completos de edificios y está toda la infraestructura hotelera, muy dispersa en barrios que aún no están totalmente compactados y abundan los sitios eriazos.

Sin embargo, la parte moderna también contiene lugares muy atractivos, en primer lugar muy buenas playas en dos de sus costados y también cerros que permiten contemplar una perspectiva global de las dos ciudades y el entorno. Además, en la antigua Acrópolis hay algunos restos de templos paganos, aunque no están restaurados y sólo son algunas partes, generalmente las bases, así como algunas columnatas levantadas. Hay proyectos de restaurar esta acrópolis y transformarla en un sitio mucho más atractivo.

A pesar de que la ciudad de Rodas estuvo en poder de tan distintas naciones,  sólo destacan tres tipos de construcciones, la parte moderna, que es del siglo XX, la parte medieval que viene del siglo XIII y algunos restos de la época de la Grecia clásica. El aporte turco es menor o ha sido ya borrado, sólo quedan algunas mezquitas.

Los visitantes actuales.
Hay lugares, que por diversos motivos atraen a turistas de determinados países, me parece que Francia, Italia e Inglaterra son los preferidos por los turistas yanquis, creo que los escandinavos y los latinoamericanos  prefieren España y Portugal. Creta y Rodas me parece que son sitios específicos que cuentan con una marcada preferencia de los turistas alemanes..

Pero los cruceros que se hacen por el Egeo y que generalmente arriban a Rodas, como uno de los puntos más atractivos, traen turistas de todas las nacionalidades, incluso latinoamericanos.      

En estos tours, generalmente se pasa un día en la isla, la mañana en la ciudad de Rodas y en la tarde se hace un viaje al pueblo de Lindos o viceversa. Son doce horas muy intensas porque realmente hay mucho que ver y disfrutar. Las visitas son guiadas y se recibe una información muy interesante. Yo viajé una vez con mi esposa en uno de estos cruceros y en otra oportunidad lo hice sólo y ambos fueron visitas muy atractivas.

El otro viaje  lo hice con dos amigas, y estuvimos varios días y se tuvo la calma necesaria para ver todo con detalle y tranquilidad, aunque no contamos con guía.En esa oportunidad, hicimos un viaje por varias islas griegas, Egipto y Turquía (algunos de estos viajes están en estas Crónicas). Las islas que visitamos fueron Creta, Cos, Paros, Délos, Mykonos y Rodas. Habíamos adoptado la costumbre de que al llegar a cada isla, yo me encargaba de buscar el alojamiento, lo que era bastante sencillo pues al llegar al muelle, siempre había personas ofreciendo alojamientos en hoteles o casas particulares. Pero al llegar a Rodas, Gloria dijo que ella se encargaría. En el puerto, un griego joven nos ofreció alojamiento en su hotel, que tenía todas las condiciones que nos interesaban, desde luego, el griego se sintió inmediatamente impactado por Gloria, que es una rubia muy bella y que había sido una gran deportista, de manera que el griego nos llevó a su camioneta y desde luego, ubicó a Gloria en el asiento junto a él, que conducía el vehículo y durante todo el viaje conversó animadamente con ella, lo divertido fue que allí su actitud cambió totalmente porque apareció su esposa, que era una alemana y aparentó una relación meramente comercial. El hotel era muy bueno, un edificio de cuatro pisos con una veintena de habitaciones, todas ellas con baño privado y televisión. Lo único inconveniente era que quedaba relativamente lejos de la ciudadela medieval.

Lo bueno de ir en un grupo pequeño es que se mantiene en gran parte la independencia, así, con mis amigas, optamos por realizar actividades distintas, ellas fueron casi todos los días a las playas, mientras que yo me dediqué a conocer la ciudadela medieval. En las tardes nos juntábamos, comentábamos lo que habíamos hecho y los tres juntos nos íbamos a pasear al puerto, al anochecer íbamos a la ciudad antigua a comer a algún restaurante y disfrutar de la comida griega. Esta costumbre la impuso Carmen, que siendo de una familia de diplomáticos de prestigio, le gustaba vivir a un nivel superior al que yo tenía, pero finalmente llegábamos al acuerdo de ir a cenar, pero por lo menos a restaurantes populares. Si hubiera estado solo, lo probable es que sólo habría tenido comidas frías en mi pieza del hotel.

Además, con mis amigas disfrutamos mucho visitando las innumerables tiendas de artesanía, que eran verdaderas exposiciones de cerámicas, tallados, tejidos y cuanto uno se pueda imaginar. Yo compré algunas cosas diminutas, pensando en la capacidad de mi maleta. Carmen, que adora  a sus hermanos, les compraba cosas grandes, pero las enviaba inmediatamente a Chile a través del servicio que proporcionaba la tienda.

 
La ciudad antigua.
La ciudad antigua la recorrimos con mi esposa en el grupo hispano parlante que iba en el crucero y fue una excursión muy instructiva porque la guía nos contaba todos los detalles del lugar, las casas de los caballeros y hasta las historias de cada una de ella. Además la historia de la lucha de los caballeros por mantener este bastión cristiano frente al creciente poderío turco, hasta que en el siglo XVI, finalmente cayó frente al asedio de Solimán el Magnífico, sin recibir la ayuda prometida del Papa y de Venecia. Todo lo que me recordaba las novelas de Salgari que leí en mi niñez y relataban las luchas de cristianos y otomanos.

Parece que durante el breve período de la dominación italiana todas las obras de mantención y restauración estuvieron dirigidas a exaltar el rol de los caballeros de San Juan que durante dos siglos mantuvieron a la isla como el último baluarte cristiano frente al avance turco.

Estos caballeros era una orden religiosa de monjes guerreros y tenían filiales en varios países europeos y en Rodas, cada una de esas nacionalidades tenía su propia casona, las que todavía se conservan en impecables condiciones, lo mismo ocurre con el Hospital de los caballeros y el castillo,  que ahora se han transformado en  hermosos y ricos museos que tiene piezas de gran valor, entre ellas la deliciosa estatua de la Afrodita ruborosa, también conocida como laVenus de Rodas, es una pequeña estatua (un metro más o menos) de mármol blanco de una diosa desnuda semi inclinada que parece peinar su cabellos, es de una belleza muy delicada y con las curvas de su cuerpo y de su cabellera  recuerda la estatuaria barroca, aunque sin excesivo recargo.  Es una obra de la época clásica y muestra la extraordinaria calidad alcanzada por la escuela de escultura de Rodas, basta recordar que la Victoria de Samotracia, que está en lo alto de una escala del Louvre proviene de esta isla. Esta Victoria, aunque está dañada, es una de las esculturas más perfectas de la época clásica griega y es una mujer alada que levanta los brazos, cubierta por un ropaje que parece transparente y pegado al cuerpo como una tela muy delgada, su ubicación en lo alto, en el Louvre, ha sido elegida con gran acierto pues la engrandece. Otra de sus magníficas obras,es el Laoconte de Apolonio que ahora está en el Vaticano. 

Estos museos, relativamente pequeños, son extraordinarios, y tienen algunas de las joyas del mundo clásico y muestra que Rodas llegó a estar a un nivel similar al de Atenas en arte y en pensamiento.

El Palacio de los Grandes Maestros,  es el palacio de gobierno donde funcionaba la administración de la isla de los caballeros de San Juan, es un pequeño castillo, totalmente medieval y  como es un museo, visitarlo es tremendamente interesante porque está amueblada y como listo para que los caballeros vuelvan a ocupar sus puestos. Es otra de las magnificas  restauraciones hechas durante la ocupación italiana.

Lindos: todo en un solo lugar.
Creo que he visitado Lindos unas cuatro veces, pero, naturalmente la vez que más disfruté fue en el crucero, pues en primer lugar iba acompañado de mi esposa y podíamos comentar cada detalle del viaje y en segundo lugar porque el grupo iba con una guía excelente. En esa oportunidad el bus se detuvo antes de llegar al pueblo, en el lugar exacto desde donde se podía ver todo el conjunto: Lindos es un pueblo blanco en la falda de un cerro empinado, en cuya cumbre se divisan algunas ruinas de su acrópolis. A los pies del pueblo hay una gran bahía muy protegida, donde hay una docena de botes y una playa de arenas efectivamente doradas y con aguas transparentes de un suave color calipso. Este hermoso conjunto queda minuciosamente grabado en la memoria de sus visitantes, pues le he preguntado a amigos que allí han estado y me lo describen con gran detalle por el impacto que les provocó.

Pero esta visión global, se complementa y enriquece al aproximarse al pueblo. Es evidente que no hay espacio para que el vehículo entre y debe quedarse en la parte baja, antes de llegar a las casas, allí hay huertos y cultivos con cercas de piedra. El pueblo es pequeño, no más de mil habitantes, pero es compacto, con casas totalmente blancas y con varias iglesias católicas ortodoxas. Es muy cierto lo que indicaba la guía: aquí se penetra en el mundo del imperio bizantino, porque desde el siglo XV casi nada ha cambiado. Se camina por calles empedradas y se vistan las pequeñas iglesias, donde no cabe más de una docena de personas y se ven todas las edificaciones de no más de dos pisos, distribuidas en forma armónica, dejando algunos huecos tapiados por paredes también totalmente blancas. Las formas de las construcciones no son absolutamente rectas, son paredes con bordes redondeados, techos planos pero suavizados y puertas y ventanas que difícilmente respetan los ángulos de  noventa grados, muchas paredes son levemente inclinadas y por detrás de las tapias escapan algunos hibiscos o buganvillas. Hay pequeños negocios con artesanías religiosas y bordados.

El que quiere puede ir a la playa a refrescarse si es verano o hace calor, mientras que otros comienzan un ascenso de más de cien metros por un sendero que va en zigzag por la pendiente, en algunos recodos hay peldaños de piedra y hasta bancos para descansar, pero que están ocupados por señoras, todas vestidas de negro y con moños que ofrecen paños bordados a precios exorbitantes. Dicen que su confección es muy lenta y trabajosa, pero yo no soy capaz de distinguirlos de los bordados a máquina que llegan de Taiwán.

En un descanso hay una pequeña explanada y allí está tallada en la piedra una mesa con varios asientos. La guía cuenta que allí funcionaba el consejo de la ciudad en  la Antigüedad griega, lo que a mi me emociona al ver que algo de democracia existía a nivel local en esos tiempos. Además hubo períodos en que Lindos era una ciudad importante e independiente.

Al llegar a la cumbre uno descubre que está en una acrópolis, en esa meseta hay numerosas construcciones relativamente bien conservadas: hileras de pilares, murallas y bases de templos de la Antigüedad. También nos muestra a un costado una fortaleza veneciana, que después fue modificada por los turcos.

En realidad desde la base, donde está el pueblo bizantino, a la cumbre han pasado miles de años, pues hay ruinas del siglo XIII A.C.

Desde la cumbre se divisa el mar abierto, en cambio, la bahía que mencionamos al comienzo ha desaparecido… está al otro lado.  Pero la visión es grandiosa: un mar muy azul, inmenso y los cerros que se ven escarpados y casi con farellones, también la costa se ve rocosa y el mar violento y espumoso que  se contradice con la tranquila bahía que habíamos visto antes, pero mirando pronunciadamente hacia abajo, se puede ver otra diminuta pequeña bahía, casi redonda, con un estrecho canal como única entrada. La guía nos cuenta que cuando San Pablo vino a Rodas, su barco debió enfrentar justo aquí una terrible tempestad y milagrosamente se escurrió por este canal  y encontró refugio en la mencionada bahía.

Después bajamos nuevamente al pueblo, algo extenuados y compramos algunos dulces griegos (que en Chile llamamos "turcos") y también unos frascos de miel, que hasta ahora, mi esposa no deja de ponderar como la mejor miel que ha probado en su vida.

Las otras veces que visité Lindos, fue una repetición de este viaje, pero nunca con toda la gracia que encontré esta la última vez.

Dejar Rodas.
Cuando se va en Crucero, el retorno al barco está totalmente organizado y el bus deja  a los viajeros a unos metros de la pasarela del barco, pero algo muy distinto ocurrió en el viaje que realicé con mis amigas.

El barco de línea, un ferry que hace el recorrido entre las islas del Dodecaneso salía a la diez de la mañana y puntualmente llegamos a embarcarnos con nuestras maletas. Había muchos pasajeros y extrañamente, el capitán, un griego alto y buen mozo, con los infaltables bigotes negros, nos saludó y gentilmente nos llevó a un lugar donde había unos asientos, conversó largamente con nosotros y rápidamente observé que de nuevo había ocurrido que otro griego se prendaba de nuestra rubia amiga Gloria. Hasta nos invitó a tomar un café y conversaba cordialmente demostrando cada vez mayor interés por Gloria. Como llegaba la hora del zarpe y el capitán no asumía su trabajo le preguntamos a que hora era el zarpe, entonces nos contó que el barco saldría tres horas después de lo programado porque el mar estaba muy picado.

¡Había que esperar tres horas en el barco! Pero como estábamos a corta distancia de la ciudad antigua, le preguntamos si podíamos ir a pasear y volver a la hora que nos había indicado. Nos señalo que evidentemente podíamos hacerlo si no queríamos esperar en el barco (parece que era lo que él deseaba), de manera que bajamos y volvimos a la ciudad vieja que es siempre un grato paseo, caminamos, tomamos un café, compramos algunas chucherías y cuando llegaba la hora de partida regresamos, pero al aproximarnos al barco, con terrible desazón vimos que éste se separaba del puerto y emprendía la marcha. Corrimos desesperados porque todo nuestro equipaje estaba en el buque y llegamos al extremo del muelle gritando para que nos esperara, todas las cubiertas del barco estaban llenas de pasajeros que nos observaban en nuestra angustia y lo peor era que casi todos se reían a mandíbula batiente de nuestros gestos. Pensábamos que todos eran muy crueles y se burlaban de la desgracia ajena.

Pero el barco, después de girar volvió a aproximarse al muelle y de nuevo echaron las amarras. Subimos al barco apenas fue posible y las risas de los pasajeros continuaban. En eso apareció el conocido capitán y sonriendo nos dijo que aún no se iban y que el zarpe era a la hora que nos había indicado, lo que ocurría era que dado el oleaje había tenido que separar el barco del muelle para colocarlo en la posición correcta. Nunca supimos si fue una broma del capitán disgustado porque nos habíamos ido (o porque se había ido Gloria) o era efectivamente una maniobra necesaria. El asunto fue que los pasajeros que pasaban junto a nosotros no dejaban de sonreírse cuando nos veían. 

Santiago, 25 de julio de 2008
 
 
 
 
 
 
 
Webmaster:Victoria Orellana

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