Inteligencia militar y regiones

La inteligencia militar y las religiones

 

La inteligencia militar
Los militares cuando crearon las regiones les asignaron un número, así se ordenaba país. Parece que pensaban que era para siempre.

Chile es el único país del mundo que reconoce sus regiones por las denominaciones:
¡Primera! ¡Segunda! ¡Tercera! ¡Cuarta! ¡etc.! Igual como designan a las divisiones militares.

Pero ahora se crearán dos nuevas regiones: Arica-Parinacota y Valdivia (Los Ríos). ¿Cómo numerarlas? De acuerdo con el criterio militar se pensó en denominar a Arica la región cero y a Valdivia la 9,5 ¿Qué les parece? Lo malo es que los números con decimales no se pueden transformar en numerales ordinales (primera, novena) y con el cero se plantearía un difícil problema para hacer un numeral cardinal con él, como corresponde a las otras regiones.

Otra solución es cambiar la secuencia y la Primera Región pasa a ser Arica-Parinacota y la Segunda Tarapacá y así sucesivamente. Pero esto crea un problema computacional tan grande como el que ocurrió cuando se produjo el cambio de milenio.

Finalmente la solución fue asignarles las denominaciones 14 y 15 (lo que en relación al orden geográfico es un caos). Pero estos problemas no pudieron anticiparlo los militares. Es exigirles demasiado ya que pensaban que una obra tan sólida no tendría cambios en milenios.

La regionalización militar.
La dictadura militar y los políticos que la lideraron han intentado permanentemente de reivindicar algunas de sus realizaciones. El argumento inicial fue que no habían existido las violaciones a los derechos humanos, después hasta el ejército debió reconocer que ellas fueron masivas. Levantaron entonces el modelo económico como su gran obra, el buen funcionamiento del mercado y los éxitos de las AFP y las ISAPRES.

Ahora deben retroceder nuevamente y todos los candidatos, hasta los afines a la dictadura, reconocen los fracasos del modelo y los desastres de las AFP y las ISAPRES y la necesidad de modificar o cambiar el modelo y sus criaturas. Pero en lo que insistieron tozudamente es que en la dictadura militar no había habido corrupción y que la sobriedad espartana de los militares era un ejemplo persistente y en este punto se mantuvieron firmes, a pesar de que se les enrostró que las empresas públicas se habían repartido a precios de liquidación a los favoritos del régimen, que traían contrabandos para sus generales (caso FACH), que habían establecido las indemnizaciones a todo evento para sus jefes burocráticos y que crearon los sueldos dobles (caso de lossobresueldos) para estos mismos jefes (lo que los burócratas de la democracia mantuvieron con mucho gusto). Pero este último baluarte de la “probidad militar” se desvaneció cuando se descubrieron los negociados de Pinochet, su familia y sus allegados. Al iniciar las investigaciones en el caso armamentos se empieza a develar que era otro gran negociado de algunos de los altos mandos.

¿Qué les queda de positivo?
Su último baluarte es mencionar su obra magna: la reforma administrativa realizada por la CONARA. Esta reforma administrativa consistió en liquidar las empresas del Estado, suspender la vigencia del derecho administrativo: todos los cargos quedaron en situación condicional y se despidió a 208.963 funcionarios, lo que Lavín destaca como una de las grandes obras de la dictadura en su libro “La revolución silenciosa” y como corresponde al gran tergiversador, no lo reconoce como “despido” o exoneración, sino como “migración del sector público al privado”. Evidentemente el factor fundamental para el despido fueron los antecedentes políticos de los funcionarios, lo que tampoco menciona Joaquín Lavín. Pero en lo que hay unanimidad entre los partidarios del régimen militar es en el importante proceso de regionalización e insisten que las regiones se crearon durante la dictadura militar y que ello es una obra trascendente.

Pero ¿en qué consistió la regionalización? Simplemente tomar los estudios de regionalización efectuados por la CORFO algunos años antes y trazar las fronteras entre las regiones, sólo se agrupó provincias y se les colocó un número, un nombre y un intendente militar. No significó ninguna descentralización, no se regionalizaron los presupuestos públicos, ni la Administración Pública se reorganizó territorialmente. Sólo se crearon los SEREMIS. Estas seremías consistieron en establecer un sistema de jefes de cada ministerio en cada región. Es decir mayor centralización, ya que los servicios siguen dependiendo del ministerio nacional y además, ahora, son doblemente dependientes a través de una autoridad designada por el mismo ministerio y el Intendente, ambos funcionarios del gobierno central. No se creó ninguna autoridad u organización regional con autonomía, al contrario, el Intendente designado por el poder central era el Jefe de la región.

La población de la región no tenía nada que opinar, ni donde participar, simplemente obedecer al gobierno central reforzado a nivel regional. A este proceso de centralización lo llamaron “regionalización”.

Sólo durante el gobierno de Aylwin se avanzó débilmente al crear los gobiernos regionales, los que están deslegitimados ya que no son de elección popular, sino que elegidos por complejos sistemas indirectos y además dirigidos y supeditados al Intendente (que sigue siendo una autoridad central).

Parece que descentralizar no es fácil y el peso muerto de la centralización militar es una lápida que impide cualquier intento de apertura.

El valor histórico de las regiones.
Hay una opinión tradicional en Europa, que las regiones se denominan según su designación histórica ¿A alguien se le ocurriría cambiarle el nombre a Toscana o Champaña o a Cataluña, o al país vasco o al Ática? ¿A alguien se le ocurriría cambiarle el nombre a Córcega y llamarla Bonaparte? ¿Llamar Mitterand a Las Landas? ¿Cervantes a Castilla? ¿Dante a Toscana? ¿Miguel Angel a Toscana? ¿De Vinci a Toscana? En América existen numerosas excepciones, zonas sin historia conocida, fueron nominadas a veces con nombre de algunos próceres en América: Estado de Washington en Estados Unidos, Morelos o Guerrero en México, etc., mientras que otros como Brasil y Argentina no usan los nombres de sus estados como homenaje a algún prócer.

Evidentemente pueden surgir problemas porque los nombres han cambiado a través de la historia o porque hay subdivisiones. Pero en ningún país del mundo ha ocurrido de designar a las regiones por sus números, es deshumanizarlas, es a-historiarlas, es negar su historia y su individualidad. Es lo mismo que si nos identificáramos las personas por su número de carné: ¡Hola 12.567.389-k?! ¡Salud 9.124.900-3! Los nombres significativos.

Naturalmente que estas consideraciones históricas y humanas no tienen cabida en la inteligencia militar. Prefirieron los números o usaron los nombres ideológicamente para engrandecer figuras militares. Para colocar los nombres a las regiones, los militares, como corresponde a un grupo de interés, aprovecharon la ocasión de que tenían el monopolio del poder, para exaltar a algunos héroes militares. Creemos que las regiones deben llevar sus nombres históricos y no los de algún personaje. Éstos deben ser conmemorados en otras obras humanas nuevas (ciudades, comunas, puentes, aeródromos, carreteras, etc.).

El estalinismo soviético llevó esta práctica a extremos ridículos: sus héroes comoLenin, Stalin o Kalinin, los “inmortalizaron” designando a importantes ciudades con sus nombres: Leningrado, Stalingrado, Kaliningrado, etc.

¿Alguien pasó este contrabando ideológico a la inteligencia militar chilena? La cosa es que resolvieron denominar a una región “Libertador Bernardo O´Higgins”. (O`Higgins nos merece el máximo respeto pero no debe usarse para borrar tradiciones históricas, hay que conmemorarlo y rendirle homenaje de otras formas). Esto significó borrar el nombre tradicional de Colchagua ligado a la cultura huasa de Chile. El extremo de la inteligencia militar fue colocarle a la Patagonia el nombre de Aisén del General Carlos Ibáñez del Campo.

Aquí superaron a los estalinistas soviéticos ya que a ellos no les ocurrió designar a Stalingrado como “Ciudad del Gran Mariscal de la Guerra Patria José Stalin”. ¿Creen que alguien en el mudo se va a aprender el nombre “Aisén del General Carlos Ibáñez del Campo”? Este nombre se se compone de la contracción anglicista de Ice-end y del nombre de un dictador militar que se democratizó a última hora, pero que no desempeño ningún rol político importante y nunca respondió por sus crímenes.

Imaginemos un europeo que esté programando una visita a Chile para conocer la Patagonia, descrita en los libros de Coloane o Sepúlveda, que él leyó. Si trata de buscarla en un mapa ocurre que en el mapa de Chile no existe: ¿Chile no tiene Patagonia? Los nombres de las regiones deben guardar y respetar la historia y a la vez ser una denominación que considere su efecto en el turismo o en el viajero. En otra región el nombre fue simplemente repetitivo: Región Metropolitana de Santiago, quizás aquí debió preservarse el nombre que los conquistadores dieron a Chile: Nueva Extremadura. ¿No es mejor el nombre de Región de Nueva Extremadura o simplemente Nueva Extremadura? Así se rinde homenaje a la tierra de origen de los conquistadores y así llamó a Chile Pedro de Valdivia. Además de esta manera estrechamos una relación importante con la región de Extremadura de España.

La opinión de la Región.
Es entendible, pero no comprensible, que un régimen dictatorial no considerara ningún mecanismo democrático para establecer el nombre de la región. Fue simplemente una decisión estratégica de tres o cuatro generales en tiempos del pinochetismo. Los tiempos han cambiado ¿Qué opinan los habitantes de Arica y de Valdivia? ¿Los nombres de Arica-Parinacota y De los Ríos son los nombres que la comunidad quiere? Proposición. Yo creo que el nombre de una región debe guardar su historia o a lo menos su geografía. Los nombres de grandes próceres debemos guardarlos para conmemorarlos con realizaciones humanas: ciudades, aeropuertos, puentes, etc.

He aquí una proposición (no una imposición porque la dictadura se acabó):
1. Parinacota (El nombre debe ser simple)
2. Tarapacá
3. Antofagasta
4. Atacama
5. Coquimbo
6. Aconcagua (este río riega la región). Actual Valparaíso.
7. Nueva Extremadura (actual región Metropolitana de Santiago)
8. Colchagua (ex O´Higgins y llamando a la ciudad de Rancagua como O`Higgins)
9. Maule 10. Bío-Bío 11. Araucanía
12. Los Ríos
13. Los Lagos (aunque debería preservarse el nombre de Chiloé)
14. Patagonia (actual Aisén del General Carlos Ibáñez del Campo)
15. Patagonia Austral (actual Magallanes y Antártica chilena, mientras que Punta Arenas pasa a llamarse Magallanes).

Chile, el país de la poesía.
De la misma manera hay que rendirle un homenaje a lo mejor de Chile: su poesía.

En el ámbito turístico esto se ha entendido claramente y hay grandes hoteles que llevan los nombres de nuestros grandes poetas. Ya se ha propuesto que el nombre del Aeropuerto Merino Benítez (desconocido fuera de Chile y que puede ser asignado alguna ciudad o a la comuna de Cerrillos, pues allí estuvo el aeropuerto de la FACH en su época) sea el de Pablo Neruda; el aeropuerto de La Serena debería llamarse Gabriela Mistral; el de Concepción, Gonzalo Rojas; el de Puerto Montt, Alonso de Ercilla; el de Castro, Francisco Coloane; el de Antofagasta, Andrés Sabella; el de Viña, Nicanor Parra, el de Chillán, Violeta Parra y así sucesivamente. Reconociendo la labor de algunos prosistas por dar a conocer a Chile en el mundo se podría homenajear al denominar al aeropuerto de Arica como “Isabel Allende” y al de Castro o Balmaceda como “Francisco Coloane”.

¡Y aún nos quedan los nombres de Vicente Huidobro, Pablo de Rocka, Enrique Lihn y tantos otros!

Sería una forma de abrirnos al mundo en la inevitable globalización, con una alegoría de nuestros poetas y prosistas, porque son los que han volado más alto en nuestro país. Debería ser un objetivo de SERNATUR y del Ministerio de la Cultura.

20005-10-25

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