El crimen del decano.

EL CRIMEN DEL DECANO

 

Patricio Orellana Vargas

No, no se trata de un relato policial.

Simplemente se trata de una historia real de cómo un decano confundió el afán de éxito con los principios básicos de la ética en el medio universitario. No es una historia simple. Todos me han recomendado, que lo mejor en estos casos es no meterse y guardar una distancia que no comprometa. Pero mi maestro me decía “No hay ética sin transparencia”. Y prefiero seguir los dictados de mi maestro.

Ocurre que en una universidad privada se designó un nuevo decano para que dirigiera una facultad que se había creado hace poco y que se especializaría en Administración Pública y en Ciencia Política, donde se intenta formar agentes éticos del cambio.

El nuevo decano consiguió financiamiento de la Universidad para que un equipo de su facultad participara en el Congreso de Buenos Aires del CLAD (Centro Latinoamericano de Administración para el Desarrollo) llevando ponencias sobre el tema de Administración Municipal. Él dirigió el equipo y consiguió que se hiciera un panel sobre el tema. En ese panel, que fue muy éxitoso, con alta asistencia, presentó una ponencia sobre el tema “La nueva gestión municipal y sus principales desafíos”y finalmente expuso las conclusiones del panel. Parece que la opinión general era que las proposiciones eran muy originales y bien fundadas.

Pero… el CED, Centro de Estudios para el Desarrollo, envió una carta el 12 de diciembre de 2001 al rector de la universidad y al CLAD haciendo saber que “tanto la síntesis del panel como el texto del paper del (decano) han sido sacados íntegramente” de un libro publicado por el CED: “Hacia el municipio del siglo XXI: marketing comunal y reinvención del municipio” (Santiago, CED, Cuadernos del Segundo Centenario). La mencionada carta verifica la denuncia comparando lo sostenido por el decano y la parte correspondiente del libro, demostrando que es una copia integral de las páginas 7-9 y 72-76.

En estas condiciones, el rector de la universidad designó a un fiscal para que investigara la denuncia. El fiscal entregó su informe recomendando que el mencionado decano dejara su cargo. Finalmente el rector le pidió la renuncia al decano.

Este hecho muestra la falta de valores que adolecen algunas personas en el ámbito universitario.

Los valores universitarios.

La Universidad es fundamentalmente el centro de la verdad (no en el sentido absoluto, sino en el sentido de las explicaciones posibles acorde a Heidegger). La producción de pensamiento es una de sus funciones esenciales. La transmisión del pensamiento acumulado y el que la propia universidad crea es su función docente formadora de profesionales.

Estas funciones deben estar orientadas por ciertos principios éticos mínimos. Uno de ellos es el de la verdad. El pensamiento acumulado o desarrollado debe intentar aproximarse a la interpretación verdadera. No se pueden usar subterfugios ni engaños en los procedimientos.

Si se ha elaborado una interpretación que tiene alguna validez hay que respetarla, lo que no impide criticarla y cuando cambian los parámetros del estado de la ciencia proponer alternativas. En todo este proceso el respeto a la autoría es fundamental, no en el sentido de propiedad, sino en el sentido de homenaje a quien ha sido capaz de desarrollar nuevos y mejores pensamientos, los que son una creación.

Sin embargo, no todos los profesores e investigadores de la universidad pueden ser creadores. Hay muchos que traspasan conocimientos y esto es totalmente legítimo. Al traspasar los conocimientos se reconoce a los autores y al estudiarlos se está reconociendo su creación.

Lo terrible es cuado no hay nada que aportar y entonces se elige el camino del crimen. No crimen en sentido judicial, sino en sentido universitario, porque en al ámbito universitario los dos crímenes principales son el plagio y la intolerancia.

El peor crimen en la universidad es el plagio: robar las ideas ajenas y presentarlas como propias. Revela el nivel de bajeza peor que pueda existir en la universidad porque transforma la ignorancia en saber a través del fraude. Donde la idea es el valor fundamental, su robo es el peor delito. Por eso es que hablamos del crimen del decano, porque amparándose en su posición de poder (y para acrecentarlo), presenta como propias ideas ajenas, para conseguir escalar nuevos peldaños de poder.

Sócrates decía “sólo sé que nada sé”. Con ello expresaba el punto de partida de la sabiduría, reconocer que se parte de cero. Pero Sócrates desarrollaba un método para superar la ignorancia del ser.

Aquí, el decano reconoce “que nada sabe” pero enriquece su discurso robando las ideas ajenas. Por eso este crimen es tan grave, porque destruye las bases de buena fe y respeto al otro que deben existir en la convivencia universitaria.

Lamentablemente, el caso de este decano, que es escandaloso porque llega a extremos, no es único en nuestras universidades.

La cultura de la picaresca chilena.

Se ha desarrollado una cultura del plagio y la copia: Los alumnos copian y muchos profesores dejan que copien. Otros profesores que descubren copias de sus alumnos (a veces son increíblemente burdas) no los sancionan y les colocan la nota “mínima” de 4. Estos profesores argumentan: “Ya aprenderán”, “son muy jóvenes”; “la vida los golpeará”, etc.

INTERNET crea inmensas facilidades para copiar: Hace algún tiempo les di un tema para investigar a mis alumnos. En INTERNET había 2341 artículos sobre ese tema ¿Cómo saber si algún alumno había copiado alguno? En realidad no es difícil saberlo, basta preguntar un par de cosas sostenidas en el artículo para saber si el alumno lo hizo o lo copió.

El plagio no sólo es parte de la cultura estudiantil, muchos profesores también lo practican y la mayoría prefiere callar sin comprometerse. Hace un par de años, un profesor de esta misma universidad presentó un artículo para su publicación en la REVISTA CHILENA DE ADMINISTRACIÓN PÚBLICA, fue rechazado porque se descubrió que había trozos copiados textualmente de un autor español. Este hecho fue deunciado ante dos decanos sucesivos, pero se guardó una total reserva “como corresponde a caballeros universitarios”, finalmente el profesor salió de la Universidad, pero su salida no se vinculó al plagio cometido, el que se guardó en reserva.

La cultura de aceptación de la copia y el manejo turbio de las citas textuales y generales, que hacen los alumnos y profesores, esconde esa aceptación. Lo peor es que hay una aceptación y una tendencia a creer que no hay que hablar de estos temas y terminar por justificarlos como parte de la picaresca chilena y hasta son motivo de jolgorio las habilidades para copiar en las pruebas o trabajos.

Hay que recuperar los valores universitarios, es especial aquellos que se violan con los crímenes del plagio. No es una tarea difícil, los jóvenes los aceptan cuando ven que sus profesores los cumplen. Pero cuando ellos no respetan esos valores, el mal ejemplo se generaliza y el crimen se transforma en un disvalor aceptado.

Chile es el país de la impunidad, donde los delitos graves son tramitados por décadas y después olvidados. En las universidades ha penetrado esta actitud y generalmente estos temas son tratados reservadamente y quien intenta darlos a conocer es duramente calificado. Sin embargo, hay que hacerlo, porque la base de la ética es la transparencia.

El caso del crimen del decano tiene un final correcto. La universidad ha actuado con transparencia y rigurosidad. Para erradicar el crimen más repulsivo del templo de la verdad, como debe ser la universidad, sólo cabe la expulsión, como medida sanitaria, de aquellos que hacen del plagio una escalera para ascender.

2 thoughts on “El crimen del decano.

  1. Señor, Patricio Orellana Vargas. El caso que le expondré tiene alguna similitud con el tema planteado por usted. Soy Profesor de Educación General Básica. Elaboré un proyecto titulado: Construcción de una Represa y Piscinas en el Río Mapocho, del cual la COREMA entregó copia a la empresa sanitaria Aguas Andinas, la que creó el proyecto Mapocho Urbano Limpio, plagiado de mi proyecto por la Arquitecta Carolina Katz. Mi página es: http://www.bernardomolinasuazo.cl

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