La derecha chilena y los derechos humanos

La derecha chilena y los derechos humanos

La derecha chilena y los derechos humanos.

Patricio Orellana Vargas

 

El aporte de las derechas del mundo a la doctrina de los derechos humanos ha sido muy trascendente. Muchos partidos derechistas del mundo, especialmente en los países desarrollados, consideran a los Derechos Humanos como parte de sus principios y como el gran aporte de la burguesía. Sin embargo, la derecha chilena, que de alguna manera influyó en el desarrollo de esta doctrina, especialmente en los años cincuenta y sesenta del siglo pasado, ahora ha cambiado radicalmente su postura.

 No es que haya asumido otras posiciones antagónicas, sino que manteniendo el respaldo a esos derechos en términos declarativos y genéricos, como lo hacen sus candidatos a presidentes, ha optado por imponer toda clase  de trabas a su incorporación en el derecho nacional. Recurre a constantes argumentos indirectos: declara que están politizados o rechaza los organismos internacionales de derechos humanos porque no le dan confianza o porque vulneran la territorialidad de la ley chilena. Estos mismos argumentos son los que han sostenido las dictaduras latinoamericanas cuando violaban abiertamente esos derechos.

 
Sin duda alguna, el punto de inflexión que provocó el cambio de una derecha democrática a una autoritaria, fue la amenaza de la Unidad Popular y la práctica política de la dictadura de Pinochet. Esta dictadura le demostró que sus intereses de clase estaban totalmente protegidos con una dictadura militar que le brindó la oportunidad de co-gobernar y le entregó la dirección económica del país. En estas condiciones los miembros de las clases altas vieron acrecentada su riqueza, especialmente cuando, al tener el control de las empresas estatales, se las vendieron a sí mismos a precios irrisorios y falaces. Además el poder absoluto permitió, como ocurre en esas condiciones, que la corrupción fuera absoluta, como lo destacó en su oportunidad Lord Acton.

Neoliberalismo y dictadura.
La práctica de compartir el poder con los militares, les permitió destruir el movimiento social de raíz popular y fueron más allá, destruyendo la organización de la sociedad civil en casi todos sus niveles, lo que permitió alcanzar la ansiada disciplina social basada en el terror y mantener a una sociedad atomizada e inorgánica. Es por eso que siguen siendo los viudos de la dictadura y lloran la muerte del dictador. Simultáneamente, los partidos de derecha, defensores acérrimos de la política aplicada durante la dictadura, no asumen su responsabilidad en la violaciones a los derechos humanos ocurridas en ese largo período y han inventado la justificación de que los militares son los responsables de esas violaciones y que ellos sólo asumieron la conducción económica del país, sosteniendo que entre estas dos políticas no había relación, lo que evidentemente es una falacia, pues lo política de la dictadura fue una sola y complementaria.

 
Los acontecimientos de los últimos días demuestran que esa derecha tiene un comportamiento cada vez más retrógrado y impide cualquier intento de que Chile se sume a las naciones civilizadas en el plano internacional, pues rechaza la creación de un tribunal penal internacional y ha llegado al extremo de abstenerse cuando se votó  (el 7 de noviembre) la Convención Interamericana sobre desaparición forzada, lo que en la práctica es rechazar una norma internacional que pretende erradicar el secuestro y desaparición de los oponentes políticos y que se refiere a la triste experiencia de los detenidos desaparecidos que se vivió en Chile. Simultáneamente, la derecha intenta aprobar un indulto para los violadores a los derechos humanos (el 7 de noviembre), argumentando que si ellos aprobaron un indulto a subversivos, debe devolverse la mano. Parece increíble que hasta se opuso a la creación del Instituto de Derechos Humanos, intentando crear en cambio una institución dedicada al academicismo antropológico de esos derechos y no a su defensa.

Los derechos humanos son universales.
Estos hechos demuestran que la Derecha no ha comprendido en absoluto el sentido y la naturaleza de los derechos humanos e intente, permanentemente, igualarlos a cualquier otro derecho. Olvida que la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la legislación complementaria parten de principios radicalmente distintos. En primer lugar resalta el carácter universal, es decir, que son derechos de toda la humanidad y le compete a los Estados velar por su respeto en primera instancia. La violación a estos derechos ocurre cuando el Estado, de garante de esos derechos, se transforma en violador de ellos. La derecha no entiende que el Estado está al servicio de las personas y tiene la obligación central de proteger la dignidad de ellas, es decir, el tener y ejercer los derechos consagrados en la Declaración Universal. La derecha, siempre estima que hay y debe haber excepciones: períodos de excepción, personas de excepción, situaciones de excepción y naturalmente, les corresponde a ellos y a sus intereses definir estas excepciones.    

 Es lamentable que la derecha no entienda que los derechos humanos son de todas las personas y que no los excluye a ellos, al contrario les garantiza los derechos fundamentales en cualquier circunstancia. Sin embargo, quiere amnistía para los violadores a los derechos fundamentales del ser humano, quiere ambigüedades sobre la desaparición de personas, inexistencia de tribunales que efectivamente castiguen, por ejemplo, a los criminales de guerra, como los jefes militares serbios que limpiaban genéticamente las regiones que ocupaban o los generales africanos que masacraron a tribus enteras por su fobia racista.

 Las violaciones a los derechos humanos.
La derecha cree que se puede llegar a acuerdos, siempre que se abandonen los principios, como por ejemplo, el caso del indulto, proponiendo: nosotros indultamos a unos y ustedes a los otros. No se trata de eso, no hay ni debe haber indulto para los que cometen crímenes como miembros de un gobierno y con el respaldo de éste. Distinto es el caso de un delincuente común que ha cometido un crimen por propia iniciativa. Son dos casos diametralmente opuestos y no pueden ser objeto de intercambio.

 
La Concertación, poco a poco, ha abandonado los principios y tiene un gestor, el Sr. Viera Gallo, que cede sin pizca de conciencia a las exigencias de la Derecha. Su praxis se inspira en el pensamiento weberiano de considerar la  política  como  la práctica de lo posible, pero, la Concertación debía guiarse por el concepto de la política como el arte de hacer posible lo necesario… y lo necesario son los principios. Mientras la Concertación siga cediendo, la Derecha seguirá exigiendo.

Derecha y Concertación comparten y respaldan el modelo neoliberal, el último baluarte de decencia que le queda a la Concertación es, por lo menos, ser consecuente en materia de Derechos Humanos,  pero sigue titubeando ante sus mentores derechistas.

20071115

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